Reseñas de consumos culturales 📽: “La hija oscura”

Reinventar el proyecto materno: hacia el desafío de maternar socialmente. 

The Lost Daugther, Estados Unidos, 2021. Película dirigida por Maggie Gylleghaal sobre la novela italiana Elena Ferrante.

Los primeros días de enero, les comenté a mis amigas sobre esta película que aborda un tema que las feministas venimos conversando desde la noche de los tiempos: la maternidad con sus misiones y funciones. ¿Qué implica ser madre? ¿Se puede elegir ser madre? ¿Cómo se entretejen las maternidades, las tareas de cuidado y las expectativas vitales?

Abordar la temática es una llave potente hacia nuevas oportunidades, no solamente para discutir las maternidades y su entramado social, laboral y emocional, sino también para construir nuevas escenas y re habitar con imaginación el proyecto de maternar; abrir el juego a combinaciones nuevas y con puntos suspensivos que nos quiten de la opción bipolar de “blanco o negro”.

La película protagonizada por Olivia Colman, con guión adaptado de la maravillosa escritora italiana Elena Ferrante, comparte el hastío y el asedio de lxs hijxs, el abandono del resto de la familia en pos de la mentira del instinto materno y las rupturas necesarias para salir del pozo de la cotidianidad que podría pulverizar cualquier talento. La maternidad, la vivencia de la maternidad y sus trazos entremezclados con nuestros proyectos de vida, es un tema del que se habla mucho en la cocina y poco en el escenario. Mientras miraba la película pensaba que no es casual que después de dos años de pandemia se haya filmado sobre este secreto a voces: las luchas por vivir que tenemos las mujeres.

Tal vez haya que retomar las conversaciones privadas respecto de la maternidad para ponerla en el centro de la escena de las instituciones que transitamos y, de ese modo, ponerle nombre a un secreto a voces: maternar y crear, maternar y desear, maternar sin salir del mundo.

La temática de los cuidados fue retomada en Argentina durante la pandemia cuando el espacio laboral y personal se fundieron geográficamente y todas estas preguntas respecto de lo que hacemos y de lo que tenemos que planificar para encender la maquinaria de la vida entró en discusión en la maquinaria del mercado. Lo considero un avance positivo, porque estamos poniendo nombre a prácticas muy concretas y a problemas que al silenciarlos empantana. De hecho, nombrarlos y problematizarlos nos permite encontrar salidas posibles para actualizar nuestras relaciones laborales y feminizar, de alguna manera, la economía: las mujeres movemos el mundo y tenemos hijxs, ¿qué vamos a hacer con eso?

Hay una escena en la que la protagonista usa auriculares en su propia casa para evadir el bullicio infantil y continuar con un proyecto laboral académico que requiere concentración y lectura. La casa revuelta, el disturbio emocional, la falta de ayuda concreta y el abandono de sí, son postales cotidianas para quienes hemos combinado ese amor precioso de la maternidad y el proyecto de crianza con nuestras vocaciones. Esta película nos invita a ponernos creativas, abrir el diálogo, romper mitos para entender las políticas y nudos emocionales que impone la maternidad. 
Creo que el desafío que viene es vivir socialmente nuestras maternidades, es decir, sacarlas de la esfera personal para ponerla en el telar de las relaciones cotidianas. Necesitamos vivirla no de forma aislada e individual como si se tratara de un proyecto propio, sino que necesitamos vivirla socialmente. El mundo nos pide hijos, pero nos acompaña o, una vez que los parimos, se transforman en un problema personal, o en el caso de no tenerlos en una renuncia propia. Encuentro en ese nudo una pregunta urgente para actualizarnos.

Leda, ama a sus hijas, pero también se ama a sí misma y quiere seguir creciendo en su carrera, sin embargo, paga un alto precio por sus transgresiones. Aún en Europa, aún en Inglaterra, el país más feminista de Occidente.

Nos vi en ella. Nos vi en el encuentro entre los paradigmas de Nina, una chica presa del guión escrito por el mundo para ella, y Leda pagando altísimos costos por vivir su propia historia, construyendo un final dramático abierto, inquietante y lleno imágenes posibles.

POR FLORENCIA CREMONA

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